Símbolos navideños (III): El árbol de navidad

El árbol navideño se puede decir que tiene varios conatos de origen. Por un lado, se remonta a la época comprendida entre el segundo y tercer milenio AC. En aquel entonces, una gran variedad de pueblos indoeuropeos que se estaban expandiendo por Europa y Asia tenían a los árboles como expresión de las fuerzas fecundantes de la Madre Naturaleza, por lo que les rendían culto . El fuerte roble fue en muchos casos el árbol rey. Al llegar la caducidad de sus hojas, su aspecto desolado era compensado con diferentes adornos tratando de atraer el espíritu de la Naturaleza que se creía huido. 
En la antigüedad chinos, hebreos y egipcios habían considerado los árboles de hoja perenne verde como símbolo de vida eterna, pero las creencias más potentes y que se acercan más a la tradición son las de los países nórdicos como Suecia, Noruega, quienes consideraban al abeto como un árbol majestuoso y con poderes. En España esta tradición no se introdujo hasta el siglo XX, conviviendo en la actualidad con las tradiciones pesebristas.
También se encuentra un origen alrededor del siglo X en Alemania. San Bonifacio convirtió a los alemanes a la cristiandad y fue el responsable de introducir el árbol a las costumbres de la celebración navideña. Se dice que vió a unos paganos adorar un árbol de roble y fue tal la furia que lo cortó. De sus raíces surgió un pino y él lo interpretó como una señal de su fe crsitiana. En el siglo 16 se empezaron a colocar los árboles de Navidad dentro de los hogares.
 
Esta tradición también llegó a Gran Bretaña y tiene su historia: la Reina Victoria visitaba frecuentemente a sus familiares en Alemania y allí conoció al príncipe Alberto, quien luego se convirtió en su esposo. Después de su boda regresaron a Gran Bretaña. La Reina Victoria adoptó la costumbre alemana e instaló el primer árbol de Navidad en la Corte Inglesa. Este fue admirado por todos y decorado con ornamentos de cristal soplado traídos de Alemania.
Más tarde, esta tradición de integrar el árbol a las fiestas de Navidad fue introducida a los Estados Unidos por los soldados mercenarios alemanes, durante la guerra de la Revolución y por emigrantes que se radicaron en los estados de Pensylvania y Ohio.
En España empezó a penetrar en el primer cuarto del siglo XX, con una tradición más pesebrista, y en la actualidad se encuentra arraigado en la mayoría de Europa y Latinoamérica
Los adornos del árbol
Las bolas, estrellas o herraduras que hoy cuelgan del árbol de Navidad representan las primitivas piedras, manzanas u otros elementos que en el pasado adornaban el roble, predecesor del actual árbol navideño. Cada uno de estos ornamentos tiene de por sí un significado. 
Así por ejemplo, antes de que fueran sustituidas por bombillas eléctricas de colores, las velas eran uno de estos adornos: simbolizan la purificación y su llama se entendía como la representación de Cristo, la luz del mundo. Las herraduras son un clásico amuleto que atrae la buena suerte. Las habituales piñas se utilizan como un símbolo de la inmortalidad y las campanillas como muestra del júbilo navideño. Las manzanas o las bolas de colores, su más tradicional variante, desarrolladas por los sopladores de vidrio de Bohemia del siglo XVIII, son signos propiciatorios de abundancia. Por último, las estrellas anuncian los designios de Dios. Según cuenta la Biblia, cada estrella tiene un ángel que vela por ella, creencia que soporta la antigua idea de que cada una de las que puebla el firmamento es en sí misma un ángel. La que copa el árbol de Navidad se refiere a la de Belén.