La historia de los huevos de Pascua

La tradición de regalar huevos de Pascua se remonta a muchos siglos atrás. Entre los siglos 9 al 18, la iglesia prohibió el consumo de huevos durante la cuaresma, por considerarlo equivalente a la carne, por lo que la gente los cocía y los pintaba para diferenciarlos de los frescos y poderlos consumir el día de Pascua de Resurrección. 
En la época que los huevos no eran permitidos para el consumo en el tiempo de cuaresma, todas aquellas personas que los habían guardado se reunían el domingo de Pascua delante de la iglesia de su ciudad para que el sacerdote los bendijera en la primera función litúrgica.
Debido a que los cristianos católicos que seguían la abstinencia cuaresmal no podían comer huevos ni tampoco productos lácteos, los fieles los guardaban y una vez terminada la cuaresma los regalaban.
Sobre el siglo XVIII,  el Papa Alejandro VII, no tenía del “todo claro” por qué los huevos tenían que ser prohibidos durante el tiempo cuaresmal y ya en aquella época el consumo de huevos habría sido permitido y sólo se recomendaba la abstinencia de carne los viernes de cuaresma.

La tradición de regalar huevos el domingo de Pascua continuó, principalmente en los países anglosajones, Estados Unidos y en la Europa Central. Solían estar pintados de diferentes colores y se regalaban en pequeñas cestas. Uno de los países europeos que más lo vive es Alemania; se sabe, curiosamente, que la tradición en Estados Unidos vino gracias a unos emigrantes alemanes.

Los huevos también fueron protagonistas en la época griega. Los griegos pintaban huevos y los comían en las fiestas de primavera, al igual que después en la antigua Roma. También los huevos, en muchas culturas, han significado “vida” y “fertilidad”.
En España, y especialmente en Catalunya, la tradición de regalar huevos pintados no se conserva actualmente y los únicos que se regalan en Catalunya se encuentran en la “Mona de Pascua”, realizada en chocolate. Sin embargo, en algunos pueblos catalanes, hace muchos siglos, se había realizado el juego de “Jugar-se els ous” (Jugarse los huevos). Participaban solamente los novios y ganaba aquél o aquella que más pronto sorprendiera a su amado en la mañana del domingo de Pascua. Ganaba aquél que decía la frase: “Pasqua és vinguda; els ous són meus” (Ha llegado la Pascua, los  huevos son míos).
El hecho de asociar el huevo a la fertilidad y por coincidir la Pascua con la estación primaveral, estación fértil por excelencia, hace que se establezca por toda Europa como símbolo de la Pascua. De modo que rápidamente los pasteleros de época comenzaron a elaborarlos utilizando distintos ingredientes. Primero fue el azúcar, luego el chocolate.
En Medio Oriente todavía se siguen intercambiando huevos carmesí, para recordar la sangre de Cristo. Los armenios los vacían y los decoran con imágenes de Cristo y de la Virgen. Y en Polonia y Ucrania hacen verdaderas obras de arte con cera fundida sobre su cáscara.
Más recientemente se han incorporado los huevos de chocolate, y los huevos de plástico para ser llenos de dulces, y que según la leyenda son escondidos por el conejo de Pascua para que los niños los busquen, y por consiguiente, los encuentren y se los coman. En Argentina y Uruguay se conserva la tradición de regalar huevos de Pascua decorados artesanalmente con glasé multicolor o bien en chocolate.