El flechazo ¿cuestión de física o química?

Cuando conocemos a una persona, en un primer momento nos fijamos en el físico: es la carta de presentación y puede ser un buen comienzo, pero no es definitivo. Luego, con el tiempo, es cuestión de química, de congeniar con la otra persona.
En cuanto al físico, los hombres se suelen fijar en cara, pechos, cintura, canderas y culo mientras que las mujeres se fijan en cara, hombros, brazos, entrepierna y culo.
Pero si queremos una persona a nuestro lado más allá del aspecto sexual, buscaremos a alguien con intereses comunes, valores y forma de ver la vida parecidos, pero esto no significa que busquemos un clon, ya que muchas veces queremos a alguien que nos complemente, que sea diferente, que destaque, que nos dé seguridad en aquellos puntos donde nos sentimos débiles. 
Según una encuesta realizada por el CIS, existen algunos criterios, más o menos comunes, en los que nos basamos a la hora de escoger una pareja; entre los que destacan el carácter, el físico y la forma de ver la vida.

¿Qué es el flechazo?
Este fenómeno ocurre cuando te encuentras ante ti a una persona real que tu subconsciente considera que encaja con tu hombre o mujer ideal. ¿Cómo tu subconsciente te da la señal de que encaja? Como no puede hacerlo hablando, te envía ese “puntazo” en el corazón, y esa activación en todo tu cuerpo, que tiene como finalidad el prepararte para entrar en acción.

Todos tenemos una escala de valores en cuanto a la atracción sexual y el enamoramiento. La mayor parte de esa escala es subconsciente y se ha ido formando día a día a través de vivencias, experiencias propias, aprendizajes de todo tipo: cine, publicidad, revistas, literatura, etc. Así se forma en tu mente ese hombre ideal o esa mujer ideal. Cuando, de pronto, aparece en la vida real alguien que parece reunir las características de tu escala de valores en atracción. salta la alarma.

Más allá del flechazo

No es posible pronosticar el éxito o fracaso de una relación desde su inicio, tomando en cuenta que las personas nos comportamos inconscientemente de una forma distinta a cómo somos realmente cuando estamos en pareja.
Estudios indican que se puede pronosticar la gravedad de los conflictos en una  relación en función al carácter de la pareja. En este sentido existen cuatro tipos básicos de persona sobre las que basamos nuestra elección:

  • Asertivo: suelen exponer sus ideas con claridad. Con ellos los problemas se solucionan fácilmente y son compatibles con cualquier persona.
  • Agresivo: ellos siempre tienen razón y tan sólo funcionan si se unen a personas dialogantes o agresivas como ellas. Suelen haber peleas habituales, pero saben encontrar la solución.
  • Sumiso: son personas acomplejadas que suelen aceptar lo que su pareja dice. Cuando se juntan con personas agresivas su personalidad es anulada.
  • Agresivo-pasivo: son los más conflictivos. No dicen lo que quieren, pero suelen exigir que su pareja lo sepa. Identifican este desconocimiento con la falta de amor y el desinterés.
Polos opuestos, un arma de doble filo
Muchas personas argumentan que es bueno buscar una pareja que tenga un carácter muy distinto al propio para complementarse. Esto es conocido como relaciones de compensación, las que en algunas ocasiones tienen un resultado difícil debido a que están basadas en la dependencia.

Las relaciones de compensación en un principio son grantificantes para la persona que tiene un carácter más débil, pues su compañero resuelve todos los problemas. Con el paso del tiempo, esta persona aprende a ser más fuerte y deja de depender de su pareja y la relación se rompe.

También existe la posibilidad de que la relación de dependencia sea cada vez mayor, con lo que el sumiso vivirá para la relación y tendrá miedo de que esta se rompa. Asimismo, el dominador sentirá como una carga de que la otra persona dependa de él. Ninguno de los dos disfrutará de la relación.

Está claro que encontrar a alguien que nos complemente es díficil, y no podemos pensar en encontrar a la persona perfecta (no existe el Príncipe Azul), pero ahi fuera hay muchas oportunidades y hay que intentarlo ¿no?